¿Y usted puede escribir personajes aborrecibles?

Norton Perina, premio nobel de medicina en 1974, es acusado y sentenciado por abuso sexual en contra de varios de sus hijos adoptivos. Una vez encarcelado, su íntimo e incondicional amigo Ronald «Ron» Kubodera lo anima a escribir sus memorias para «demostrar a los interesados que él no era lo que el mundo se había empeñado en hacer de él». Así se comienza La gente en los árboles de Hanya Yanagihara, compuesta por algunas notas periodísticas que dan cuenta del arresto y la sentencia de Norton, las memorias de este científico y la introducción, el epílogo y las notas de su amigo el doctor Kubodera.

Libro La gente en los árboles Hanya Yanagihara

Al leer esta novela pensé mucho en algo que me dijo mi mentor hace muchos años, parafraséandolo: «cuando escribes, a menudo dices más de ti mismo que de lo que estás escribiendo». Me pareció que a lo largo del relato de Norton (además de enterarnos de su biografía temprana, cómo sucedió el descubrimiento que lo llevó a conseguir el nobel, cómo es que terminó adoptando a 43 niños de U’ivu y lo que Norton cree que motivó las acusaciones en su contra) podemos ver mucho de su carácter, sus valores y su ética. Pasa lo mismo con las notas de Ron, quien funge como editor: lo que dice, cómo aporta cierta información porque, según él, es relevante para el relato y la información que decide ocultar; literalmente dice «A continuación seguía un pasaje que, en calidad de editor, he decidido eliminar». ¿Está de verdad convencido de lo que dice o solo es cínico?:

«Es posible discrepar de las opiniones de Norton al respecto y aun así considerarlo un ser humano íntegro y bueno. Al menos es mi esperanza, aunque en última instancia es el lector quien decide; yo ya tomé mi decisión hace mucho.»

Dice Sergio Saborido que «Esta novela es una clase maestra sobre narradores poco confiables» y estoy completamente de acuerdo. No solo es que los hechos sean narrados por Norton, desde su perspectiva y sensibilidad sesgadas, sino también que cada dato que aporta Ron se presta para que el lector se pregunte si era necesaria esa información y que, además, aporte sus opiniones personales; por ejemplo, cuando se refiere al hermano gemelo de Norton como «Owen, su torpe imagen reflejada» o menciona que «su distanciamiento [el de Owen y Norton] fue abrupto y devastador, consecuencia de una horrorosa traición de la que Norton jamás se recuperará» (las cursivas son mías).

Previamente había leído ya una novela de esta autora y sentí curiosidad por La gente en los árboles, con la cual pude corroborar su estilo magnífico de escritura y una habilidad narrativa que admiro, para ser sincera, aunque debo decir que me parece que la belleza de su forma de narrar es proporcional a las cosas horribles que cuenta. ¿Me doy a entender? Si no, ahondemos un poco.

La gente en los árboles está plagada de momentos en los que el lector puede ver, enterarse de primera mano, de la forma despectiva que tiene Norton de referirse a lo femenino en general («cuya carne era de un rosa baboso, nauseabundo, femenino») y a su madre y Esme, las únicas dos mujeres medio relevantes en algunas partes del relato, en particular; esto en general me parece poco grato, pero como mujer me sabe peor. El lector también puede atestiguar el desinterés que el protagonista presenta por sus objetos de estudio (ya sean ratas o personas, da igual) y cómo se expresa de su relación con sus hijos, que posteriormente usa para victimizarse: 

«nunca les he exigido que me den las gracias o se porten bien conmigo solo porque los salvé. A veces pensaba, es cierto, que posiblemente habrían sido igual de felices, si no más, en U'ivu, aunque con el abdomen hinchado por la malnutrición. Y, en cualquier caso, casi todos se daban cuenta tarde o temprano [...] de las oportunidades que yo les había brindado, tras lo cual venían a verme llorosos, pidiéndome perdón por su actitud [...] Entonces me tocaba a mí darles unas palmaditas en la espalda y un beso en la mejilla, agradecerles su madurez con toda sinceridad y explicarles que no esperaba su gratitud pero que, naturalmente, la aceptaba con mucho gusto.» (Las cursivas son mías.)

El protagonista de esta novela, en suma, es quien es sin intentar agradar al lector, no parece querer esconder sus defectos, pero creo que tampoco cae en cuenta de que muchos de sus actos e inclinaciones pueden ser juzgados como defectos o vicios. Al tratarse de las memorias de Norton Perina, no me parece descabellado decir que La gente en los árboles es sobre la construcción de este personaje tan particular, que nos muestra sus defectos, sus decisiones y las motivaciones detrás de ellas.

Concluiré simplemente que me parece una novela maravillosamente escrita, que envuelve al lector y lo lleva al ritmo que mejor le conviene al relato y a un par de personajes (Norton y Kubodera) que pueden resultar despreciables (o que, por lo menos, nos ponen la empatía un poco difícil). No todas las obras literarias calan hondo, no todos los personajes resultan así de aborrecibles, hace falta maestría.


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P. D. ¿Sabías que el personaje de Norton Perina está inspirado en Daniel Carleton Gajdusek?

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