500 libras al año y una habitación propia
«La obra de imaginación es como una tela de araña: está atada a la realidad, leve, muy levemente quizá, pero está atada a ella por las cuatro puntas. [...] están ligadas a cosas groseramente materiales, como la salud, el dinero y las casas en que vivimos.»
Una de las cosas que más disfruté del libro fue el humor, que no esperaba. Me hizo mucha gracia que se preguntara por qué, si vivimos en un patriarcado donde los hombres son dueños y señores, se la pasan enojados con las mujeres. También, al principio del libro, que la corrieran «del jardín porque las señoras sin invitación de un miembro no pueden andar por ahí» me pareció tan absurdo que me dio risa, pero no sé cómo me hubiera sentido si me hubiera pasado a mí. Es parte de la magia de leer las palabras de otras personas.
Entre la época en que Virginia Woolf escribió Una habitación propia y la época actual han cambiado algunas cosas, pero no mucho en realidad —si me preguntan—. Uno de los mayores cambios ocurridos es que hoy sabemos que mucho de lo que dice la narradora no es cierto, como que la situación de las mujeres siempre fue como había sido hasta el siglo XIX o peor. Me da algo de esperanza saber no solo que las cosas han cambiado para nosotras anteriormente, sino que pueden ser diferentes todavía, mejores.
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